Leyendo ahora
¡Visión corta y errada!

¡Visión corta y errada!

José Luis Barrón
“El Juglar, sin medias tintas”

Abril se disfraza cada año de fiesta literaria en Quintana Roo: discursos pulcros, fotografías con autores, niños leyendo bajo la sombra institucional. La postal es impecable. La realidad, no tanto. El panorama de este “mes del libro” confirma una verdad incómoda: hay esfuerzos, no hay sistema.

Foros con autores ansiosos por dar a conocer sus obras ante un público casi inexistente; eventos sostenidos por la voluntad solitaria de organizadores que, por falta de estrategia mediática, no logran una difusión efectiva; participación institucional irregular y, en los casos menos afortunados, intereses obtusos que diluyen el propósito.

 

Bajo ese contexto, el único proyecto que ha logrado trascender con consistencia a lo largo de sus nueve ediciones es el Festival PaLibrArte, iniciativa de la periodista cultural Alejandra Flores. Su acierto es claro: entiende que la literatura no vive en auditorios, se desplaza en calles, parques, cafés y foros; que debe ser accesible y dialogar con la gente, no encerrarse en encuentros donde los autores se reconocen y elogian entre sí.

PaLibrArte inició en el Parque Luum Pakul en 2010, donde se realizó durante cinco años consecutivos, y que se retomó hace cuatro años. En 2025 congregó en a cerca de cinco mil personas. Cada edición es posible por la participación de alrededor de cien talentos y más de 200 voluntarios.

 

En 2026, el festival da un salto al plano estatal con presencia en Cancún, Playa del Carmen, Cozumel, Mahahual y Calderitas, y una nutrida convocatoria pública respaldada por mediadores de salas de lectura.

 

La otra cara de la “letra”

Otro evento que prometía mucho fue la Feria Internacional del Libro y la Cultura en Playa del Carmen. Su primera edición registró una respuesta multitudinaria, con buena venta de libros y proyección mundial para autores quintanarroenses. Sin embargo, al cierre de esta columna, todo apunta a que este año no se realizará.

 

¿Y dónde quedó el público?

Fuera de ese eje, el panorama se fragmenta. La Feria Literaria Bacalar 2026, organizada por el poeta Miguel Morales Beiza, conserva su valor simbólico: autores, presentaciones y cercanía. Pero no escala ni articula; no logra conectar con el público —que prácticamente no hubo— y ni siquiera consiguió convocar a la prensa local.

Hubo intercambio de experiencias y convivencia entre escritores, con ceremonia incluida para el 1er Premio Nacional de Novela Corta “Nuestras Raíces” —razón de peso por la cual se debió haber realizado una fuerte difusión mediática— e incluso cierta interacción con instituciones educativas. Aun así, se evidenció una errada logística realizando eventos simultáneos en distintas sedes que terminó por dispersar la atención.

 

La tertulia fue amena; el impacto, limitado.

 

Organizadores y promotores de estos eventos deben entender que los objetivos de ferias y festivales no deben reducirse a encuentros entre escritores, ellos buscan lectores, compartir su obra, dialogar y vender libros. Sin público, la ecuación se rompe, más aún cuando persisten protocolos que inhiben la participación ciudadana.

See Also

 

El dato incómodo

Uno de los espacios donde más autores coincidieron este mes no fue una feria del libro ni un festival literario, fue en el Picnic más grande de Cancún. Un evento concebido para otro fin que terminó como punto de encuentro literario y artístico, gracias a la convocatoria del promotor cultural Paco Alzaga. Ahí el público convivió con los creadores y conoció sus obras.

 

Conclusión: La literatura en Quintana Roo está aprendiendo a sobrevivir fuera de sus propios eventos. Eso debería encender alarmas.

 

Mientras en otros estados existen ferias consolidadas —con industria, agenda internacional y mercado editorial—, acá seguimos operando en modo disperso: sin calendario estatal, sin articulación entre municipios y sin una política cultural que entienda al libro como sector capaz de generar dinámica económica y social.

 

Abril existe, sí, pero no como industria, persiste como una simple suma de voluntades en un destino turístico con una gran bagaje artístico, cultural e histórico.

José Luis Barrón


© 2024 Grupo Transmedia La Chispa. Todos los derechos reservados