EL SICARIATO PERIODÍSTICO DE PEDRO CANCHÉ.
OPINIONES DE MOMENTO DESDE NOJ CAJ SANTA CRUZ BALAM NAJ KAMPOCOLCHÉ.
A mi juicio, hago en este momento un ejercicio de reescrituración en el ámbito de la comunicación, misma que busca transformar un testimonio subjetivo en una pieza de opinión crítica, manteniendo el rigor analítico y una base ética que distinga entre LA LEGÍTIMA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y EL OPORTUNISMO POLÍTICO.
Por consiguiente, es entendible la indignación ciudadana, que emerge cuándo el periodismo abandona su función de contrapeso, para convertirse en una herramienta de golpeteo o de servicio a intereses particulares, por supuesto que no es solo comprensible, sino que también es una señal de salud democrática que emite a tiempo la sociedad civil.
En Quintana Roo, la relación entre la prensa y el poder político ha sido históricamente un ecosistema de claroscuros, donde la frontera entre la libertad de expresión y el servilismo suele desdibujarse bajo el peso de los convenios y las filias políticas.
Para entender el estado actual de esta relación, es imperativo analizar con rigor ético esta labor y precisamente escojo el caso de Pedro Canché, cuya trayectoria permite cuestionar la metamorfosis de una persona que aparentemente símbolizaba una resistencia, pero cuán equivocado estábamos al caer en la cuenta de que es una figura sumamente convenciera por su forma de “ejercer el periodismo”.
La fama pírrica de Canché, se inició tras su detención el 30 de agosto de 2014, bajo la administración de Roberto Borge Angulo, – según él, por haber publicado notas y fotos irrelevantes para mi – de protestas locales en contra del aumento de las tarifas de agua potable.
Si bien, la acusación de “sabotaje” fue un exceso de autoritarismo flagrante del gobierno de Beto Borge —un error táctico y moral del gobierno borgista que violentó el debido proceso — pero remitiéndonos a un análisis serio de campo, se revelan matices que la narrativa de “víctima heroica “, ha sido de por más dimensionada superlativamente.
Pero vale la pena retroceder hasta el 2014, año clave para entender cuándo se generó una cadena de protestas sociales en contra de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA), que detonó en el arresto de Alfredo Esquivel y Cab, quién tenía el liderazgo de este movimiento.
En este contexto, la presencia de Canché , según testigos, actores del movimiento y me consta fue periférica y oportunista.
No obstante, se convirtió en víctima de las circunstancias al estar en el sitio inoportuno, en dónde fue pillado durante un operativo sorpresa de la policía.
Pero Canché nada tonto, aprovecho magistralmente esta situación y demostró una notable habilidad para capitalizar políticamente este hecho, alegando ser preso político cuándo solamente había publicado – sin consecuencias graves- unos vídeos en el cuál aludían a Beto Borge.
Desde mi opinión, en esta circunstancia se presenta un conflicto ético: porque existe una línea delgada entre denunciar una injusticia cómo “periodista” y desplazar de plano a los verdaderos protagonistas de esta lucha social en contra de Capa, para construir un pedestal propio.
A raíz de este proceder ventajoso, desde en la cárcel hubo un distanciamiento de Esquivel y Cab con él.
Fue sintomático que el auténtico líder de este movimiento, era Esquivel y Cab, quién tomó sus precauciones poco después de estos eventos, al darse cuenta de la conducta política de Canché.
Esta ruptura no fue fortuita; obedeció a su percepción de que Canché, carecía de una formación real en la lucha social y que su participación respondía más a un afán de protagonismo que a una convicción ideológica.
A tal efecto, entiendo que la verecidad de un periodista se mide, por la solidez de sus alianzas con la verdad social.
Así mismo, desde una perspectiva moral, el periodismo no debe ser un escudo para la “maña” política.
Canché, utilizó este encarcelamiento —por más injusto que sea— como trampolín para obtener beneficios económicos al desplazar a liderazgos legítimos, desde mi punto de vista, erosionó la credibilidad de todo el gremio periodístico.
Yo sostengo en este análisis crítico, que el caso Canché marca un precedente peligroso en el estado: porque se dio paso a la institucionalización de la víctima como aliado del poder sucesorio de Carlos Joaquín González, quién únicamente legítimo su gobierno ante los ojos de los demás periodistas.
Sin embargo, el cambio de postura de Pedro Canché, se observó públicamente a partir de 2015, lo que planteó interrogantes éticos fundamentales, sobre la independencia de su pluma.
En este aspecto, le lanzó estas preguntas:
¿Es el periodismo un servicio público o una moneda de cambio?.
¿Puede un reportero autodenominarse independiente, cuando su narrativa parece ajustarse a la agenda del poder en turno.?
Enfatizó, que la ética periodística exige no solo denunciar al opresor, sino mantener la integridad frente a los gobernantes o funcionarios.
El caso de Pedro Canché, debe servir como una lección sobre los cochupos descarados en el ejercicio informativo a costa de mentir, denostar y falsear, el contenido de sus notas, exactamente en el contexto que le exija su patrón en turno.
El periodismo que Quintana Roo necesita, es aquel que no requiere victimizarse para ser relevante, sino que se sostiene por el rigor de sus investigaciones y la coherencia de su conducta moral y lastimosamente Pedro Canché es nada más un golpeador y sicario del periodismo.
NÍIB ÓOLAL SUKU’UNE’EX.
